En honor a Inakayal
Soñando y despertando de la misma tristeza, sin alivio; al creer,
cuando abrí mis ojos, era una pesadilla; porque estando despierta era aún
más triste la realidad.
En mis sueños veía personas con poder y dinero, que hacían todo
lo que se les antojaba con la vida de los hombres que habitaban el planeta. Pero
voy a retraer más mis pensamientos, y me quedaré en mi Argentina y recordaré al cacique Inakayal, donde dice “Diez
veces volveremos”, siento que un destello de él está en mí, en tí y en el que
siente que lo que pasó en la historia de este país todavía no nos ha permitido crecer
y evolucionar, porque no sólo los pueblos originarios viven en una jaula
creada por el hombre blanco; los blancos nos creamos las cárceles de ellos, con
la política tan decadente, tirana y profundamente triste.
Hoy quiero soñar que grito a los cuatro vientos, desde la cima de mi alma, junto al cacique Inakayal: “Libertad!, libertad!”. El pueblo originario y blanco: somos todos hermanos y estamos de igual sometidos, viendo cómo se roban nuestro esfuerzo, lo dilapidan con sus ambiciones desmedidas, nos venden la tierra a precios escalofriantes, cuando un obrero se pasa toda su vida para pagar su casita humilde y ellos se las roban; se robaron el pasado, se roban el presente y el futuro para ellos, sus hijos y cuatro generaciones más. Entregan nuestras tierras a las mineras, que saquean los recursos naturales y a los pueblos no les queda más que la enfermedad y la muerte. Nos obligan a trabajar por salarios vergonzosos. Nos introducen la droga, las enfermedades, la prostitución y el hambre ... Nos corrompen a nuestros hijos. Con no tanta diferencia a lo que sintieron los pueblos originarios de fines del siglo XIX, cuando el señor (Julio A.) Roca y compañía venían a liquidarlos con un rifle. Vienen con discursos llenos de miel en ampariencia y son corruptos, mentirosos. Llegó la hora que los pueblos nos unamos, sin bandera política, ni religiosa; sólo la humanidad, el ser puro e inquebrantable en un grito: “Libertad!, libertad!”.
Hoy quiero soñar que grito a los cuatro vientos, desde la cima de mi alma, junto al cacique Inakayal: “Libertad!, libertad!”. El pueblo originario y blanco: somos todos hermanos y estamos de igual sometidos, viendo cómo se roban nuestro esfuerzo, lo dilapidan con sus ambiciones desmedidas, nos venden la tierra a precios escalofriantes, cuando un obrero se pasa toda su vida para pagar su casita humilde y ellos se las roban; se robaron el pasado, se roban el presente y el futuro para ellos, sus hijos y cuatro generaciones más. Entregan nuestras tierras a las mineras, que saquean los recursos naturales y a los pueblos no les queda más que la enfermedad y la muerte. Nos obligan a trabajar por salarios vergonzosos. Nos introducen la droga, las enfermedades, la prostitución y el hambre ... Nos corrompen a nuestros hijos. Con no tanta diferencia a lo que sintieron los pueblos originarios de fines del siglo XIX, cuando el señor (Julio A.) Roca y compañía venían a liquidarlos con un rifle. Vienen con discursos llenos de miel en ampariencia y son corruptos, mentirosos. Llegó la hora que los pueblos nos unamos, sin bandera política, ni religiosa; sólo la humanidad, el ser puro e inquebrantable en un grito: “Libertad!, libertad!”.
Siri Vaquets
esoterismo, universo, poder, gloria, siri vaquets, infinito

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